Guindalera Voice: Antonio

Updated: May 30


“Curro’s been with me for 11 years and was a great support when I lost my daughter to cancer. He used to sit with Ana to keep her company and follow her around. After she died, he would look up on her bed, wondering where she’d gone. He’s the best dog.”


Father-of-four Antonio was born in Seville and moved to La Guindalera in 1980. His life has been marked by tragedy and suffering but his resilience has been nothing short of amazing.

Star-gazer

“My parents died when I was very young, leaving my older brother Juan and I vulnerable orphans. We were sent to a boarding school run by Salesiano priests in Seville in the 1950s and it was a time of my life that I prefer not to think about. None of us were treated well and yet I was an exemplary student, achieving diplomas and medals for my high marks.”



“From an early age I was obsessed with the sky, stars and the idea of flying. Once I finished my studies, I got a job but the obligatory Military Service was hanging over my head, so I knew I had to get it out of the way. I chose the Parachute Regiment in Alcantarilla (Murcia) given my love for flying and the first time I had to jump from a plane was such an exhilarating experience, I just loved it.” He qualified as an instructor and took a total of 103 jumps. He remembers how bizarre it was teaching the basics of jumping to top military personnel and even some generals who had travelled from other quarters to pass their training.

A Terrifying Ordeal

Antonio’s memories of all the technicalities of jumping from a plane are quite astounding, even after all these years he can remember the specifics of timings and safety requirements. And one of his strongest memories is from when things went horribly wrong. “It was my 77th jump. I just couldn’t stabilize myself as I was coming down and so I couldn’t slow the descent. As I was pulling the cord on my parachute, the cords got tangled around my leg and I hurt my knee. Luckily since I was so used to jumping, I managed to land on my other leg. I did get a ‘Sufrimiento por la Patria” medal and 7,500 pesetas after the accident, which was a lot of money in those days!”



A Tragic Loss

It was in 2018 when their happy family life was rocked with their daughter’s diagnosis of a rare cancer. She came to live with her parents for the last seven months of her life so they could care for her 24/7. “Sadly our daughter died in 2018 from cancer.” Such a heart-breaking event isn’t easily overcome but the family are a loving and strong support to each other. And Curro, the cute Yorkshire terrier, has given his own unique support to Antonio and Maria Dolores.


Antonio and Maria Dolores with their daughter Ana on her wedding day

The couple are very happy living in La Guindalera. Antonio says he misses the Feria of Sevilla and Semana Santa there - he used to go and see his brother Juan in Seville but he died several years ago. The changes in La Guindalera have been, for the most part, positive and he loves its tranquility.


Antonio with his best friend, Curro

“Curro ha estado conmigo durante 11 años y fue un gran apoyo cuando perdí a mi hija por cáncer. Solía sentarse con Ana para hacerle compañía y seguirla. Después de que ella muriera, él miraba hacia arriba en su cama, preguntándose adónde había ido. Es el mejor perro ".

Antonio, padre de cuatro hijos, nació en Sevilla y se mudó a La Guindalera en 1980. Su vida ha sido marcada por la tragedia y por su resistencia.


Obsesionado Con Volar

“Mis padres murieron cuando yo era muy joven, dejando a mi hermano mayor Juan y a mí huérfanos vulnerables. Nos enviaron a un internado regentado por sacerdotes Salesianos en Sevilla en los años 50 y fue una época de mi vida en la que prefiero no pensar. Ninguno de nosotros fue tratado bien y, sin embargo, fui un estudiante ejemplar, obteniendo diplomas y medallas por mis altas calificaciones”.



“Desde pequeño me obsesioné con el cielo, las estrellas y la idea de volar. Una vez que terminé mis estudios, conseguí un trabajo pero el Servicio Militar obligatorio se cernía sobre mi cabeza, así que sabía que tenía que sacarlo del camino. Ingresé en la Escuela Militar de Paracaidistas en Alcantarilla (Murcia) dado mi amor por volar y la primera vez que tuve que saltar de un avión fue una experiencia tan estimulante que me encantó". Calificó como instructor y realizó un total de 103 saltos. Recuerda lo extraño que fue enseñar los conceptos básicos de saltar al personal militar superior e incluso a algunos generales que habían viajado desde otros cuarteles para conseguir el título de Paracaidista, que se conseguía con seis saltos.

Una terrible experiencia

Los recuerdos de Antonio de todos los tecnicismos de saltar de un avión son bastante asombrosos, incluso después de todos estos años puede recordar los detalles de los tiempos y los requisitos de seguridad. Y uno de sus recuerdos más fuertes es de cuando las cosas salieron terriblemente mal. “Fue mi salto número 77. Simplemente no pude estabilizarme mientras bajaba, por lo que no pude frenar el descenso. La apertura del paracaídas me originó una lesión grave de ligamentos en la rodilla derecha. Afortunadamente, como estaba tan acostumbrado a saltar, logré aterrizar sobre mi otra pierna. Sí conseguí una medalla de 'Sufrimiento por la Patria' y 7.500 pesetas después del accidente, ¡que era mucho dinero en esos días!”.

Antonio con su medalla de 'Sufrimiento por la Patria'


Una pérdida trágica

Fue en 2018 cuando su feliz vida familiar se vio sacudida por el diagnóstico de su hija de un raro cáncer. Vino a vivir con sus padres durante los últimos siete meses de su vida para que pudieran cuidarla las 24 horas del día, los 7 días de la semana. "Lamentablemente, nuestra hija murió en 2018 de cáncer". Un evento tan desgarrador no se puede superar fácilmente, pero la familia se apoya mutuamente con amor y fuerza. Y Curro, el adorable Yorkshire Terrier, ha brindado su apoyo único a Antonio y María Dolores.


La familia completa en la boda de Ana

La pareja está muy feliz viviendo en La Guindalera. Antonio dice que le echa de menos la Feria de Sevilla y la Semana Santa allí; solía ir a ver a su hermano Juan en Sevilla, pero murió hace varios años. Los cambios en La Guindalera han sido, en su mayor parte, positivos y le encanta su tranquilidad.

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